diciembre 3, 2020

3 leyendas de Día de Muertos que te sorprenderán

El folclore mexicano es rico en historias de todo tipo. Particularmente en lo relacionado al culto a la muerte se tienen muchas y muy variadas anécdotas e incluso festividades dedicadas exclusivamente para honrar a quienes se han adelantado. A continuación te presentamos algunas leyendas de día de muertos que sin duda te gustaran.  

El hombre que decidió no poner ofrenda

Alguna vez existió un hombre incrédulo de las festividades de Todos los Santos, pues él pensaba que eran patrañas, que no vendrían los difuntos y acostumbraba burlarse de que las demás personas si creyeran. Cuando fue al monte buscando leña para su casa, los muertos le asustaron.

Enfadados por qué no presentaba sus ofrendas, le reclamaron: “¿Por qué otros nos están dando y tu no? A otros les están dejando comida, tamales, hay de todo. ¿Y porque tu no vas a hacer nada?”

El hombre perturbado y reflexionando decidió cambiar de idea y hacer su ofrenda. Pero el hombre empezó a morir y aunque intento buscar las cosas necesarias, de poco sirvió. Falleció en el monte donde los espíritus reclamaron su alma molestos por su arrogancia. Y por ello, se hace el Día de Todos los Santos.

El hombre que no respeto el Día de los Muertos

Mural pintado en época de Día de Muertos
Mural pintado en época de Día de Muertos.

Había un hombre que vivía por y para su trabajo. Aquel señor no quería perder un solo día de trabajo en su parcela, y cuando se llego la fecha de celebrar a los que ya han partido se dijo para sus adentros: “No perderé mi tiempo en este día, trabajare en mi parcela hasta tarde, ya que debo buscar a diario que comer y no gastare mi dinero en esta fecha, además me consume mucho tiempo. “

Por lo que decidido continuó su trabajo en el campo, pero cuando más ocupado se encontraba, una voz proveniente del mismo monte le dijo: “Hijo… quiero comer unos tamales”. Sorprendido, el hombre pensó que era su imaginación pero pasado un rato, volvió a escuchar con claridad otras voces que conversaban entre sí y lo llamaban, así que comenzó a reconocerlas como sus familiares.

Dejó entonces su trabajo y volvió a su casa, donde le pidió a su mujer que matara guajolotes y preparara tamales para ofrendarles a los difuntos en el altar familiar. Mientras la mujer trabajaba incesantemente, el hombre se sintió repentinamente cansado y decidió dormir un poco.

Para cuando la mujer terminó y trato de despertar a su esposo, este no reaccionó, pues sus familiares se lo habían llevado. Es por eso que en la Huasteca consideran una obligación el celebrar a los difuntos ya que de no hacerlo es posible que los muertos se lleven al dueño de la casa.

La llorona

Este es el posible aspecto de la Llorona.
Este es el posible aspecto de la Llorona.

Una leyenda muy conocida es la de la Llorona, que seguramente todos nuestros lectores mexicanos conozcan. Esta historia cuenta que hace años, en Xochimilco, se escuchaban los lamentos de una mujer que buscaba desesperada a sus hijos.

Eran tan macabros sus gritos, que la gente sellaba sus casas con lodo y piedra e incluso los conquistadores no querían salir a la calle.

Quienes la veían decían que se trataba de una mujer con aspecto demacrado y fantasmal, que vestía un velo y ropa blanca, y caminaba lentamente entre calles y plazas gritando por sus hijos para luego desaparecer en la oscuridad del a noche disolviéndose entre las aguas del río.

Nadie sabía porque hacia esto. Algunos pensaban que la mujer lloraba debido a que tenía un enamorado con el cual no pudo casarse pues el hombre murió tiempo atrás, lo que la llevó a una depresión que hizo que descuidara a sus 3 hijos, regresando del más allá tras su propia muerte para buscarlos y cuidarlos.

Otros creen que vivía con su madre y con tres hijos sin padre pues este les había abandonado.  Un día el hombre volvería a la casa mientras ella no estaba y se llevaría a los niños. Al volver los buscaría sin éxito por todo el pueblo y, victima de la tristeza moriría para luego volver como un espirité errante que vaga todas las noches buscando a sus hijos y lamentándose.